STORYTELLING QUOARTIS: gravedad, agua y cuántica. Programación 2018-2019


Los múltiples flujos entre la investigación científica y el arte nunca se han interrumpido, tanto en la dimensión de los materiales como en la de las ideas. La celebrada conexión entre ciencia y creación del renacimiento nunca ha desaparecido, a pesar de la creciente especialización de la investigación. El continuo interés de los artistas por los nuevos descubrimientos y técnicas, y la pasión artística de muchos científicos son la prueba. La Fundación Quo Artis pretende profundizar la exploración de estos flujos bidireccionales y su explotación creativa. Los proyectos actuales se centran en tres temáticas: el mundo cuántico, el fenómeno de la gravedad y el agua.

 

Cuántica

Desde el comienzo del siglo XX, la mecánica cuántica ha modificado radicalmente la visión científica de la realidad y ha desencadenado numerosos cortocircuitos con el arte. En el mundo cuántico, una partícula se puede encontrar en varios lugares a la vez; puede cruzar una pared; y el famoso gato de Shrödinger puede estar vivo y muerto a la vez. El comportamiento íntimo de la materia es tan anómalo que quién dice que tiene una intuición clara del funcionamiento del mundo cuántico, seguramente no lo ha entendido, según dijo el genial físico Richard Feynmann.

No obstante, esta disciplina ha demostrado sistemáticamente su validez. Desde los chips de los móviles hasta los dispositivos de resonancia magnética, buena parte de la tecnología del siglo XX no se podría fabricar sin las conclusiones de la mecánica cuántica.

Y aun así, esta disciplina todavía choca con la otra gran idea científica del siglo XX: la relatividad de Einstein. También esta visión ha puesto en cuestión certezas milenarias. El funcionamiento macroscópico del Universo y de los cuerpos celestiales no se entiende en el marco tradicional de un espacio y de unos tiempos inmutables. Al contrario, estos se fusionan en un espacio-tiempo que se curva y oscila, como ha demostrado la reciente observación de ondas gravitatorias.

Las situaciones donde el mundo macroscópico y el mundo microscópico tienen que convivir a fuerza (por ejemplo, los agujeros negros o el Big Bang, donde una gran cantidad de materia se encuentra confinada en un espacio pequeño) son las que plantean el mayor conflicto entre mecánica cuántica y relatividad. Mientras la cuántica explica de forma unificada las tres fuerzas de la naturaleza dominantes en el mundo microscópico (la fuerza débil, la fuerte y la electromagnética), la cuarta, que domina en el mundo macroscópico (la gravedad), no encaja con la cuántica y responde a la relatividad.

Como en el pasado el arte inspiró nuevas teorías, también en el siglo XXI podría marcar el camino para el matrimonio aparentemente imposible entre cuántica y gravedad. De aquí viene la segunda línea de trabajo de la fundación, centrada en la gravedad.

Gravedad

El arte puede contribuir a una nueva visión de la gravedad abordando preguntas como por ejemplo: ¿Cómo afecta la gravedad a la percepción de la realidad? ¿Cómo cambia la mente y la creatividad cuando la gravedad se reduce al mínimo (por ejemplo en el espacio exterior o en vuelos en microgravedad)?. Preguntas que son abordadas en nuestro proyecto The Zero-Gravity Band,  una obra inmersiva que será exhibida por primera vez en Sónar+D’18.

Más allá de la curiosidad teórica, estas preguntas podrían tener un impacto cultural real, a medida que los viajes en el espacio se multipliquen: desde los viajes espaciales turísticos hasta las misiones para explotar los recursos otros de planetas.

En las últimas décadas, el espacio se ha visto cada vez menos como un entorno inhóspito y cada vez más como potencialmente rebosante de vida. La existencia de organismos extremófilos (capaces de vivir en la boca de un volcán o a las profundidades oceánicas, en condiciones parecidas a los de ciertos lugares del Sistema Solar) o el hallazgo de miles de exoplanetas (planetas externos al Sistema Solar, algunos parecidos a la Tierra) ha reforzado esta visión.

No es casualidad que personajes como el físico Stephen Hawking o el empresario Elon Musk planteen seriamente la posibilidad de colonizar lugares en el espacio exterior. En este contexto, el efecto de la gravedad en la condición humana será una cuestión cada vez más importante.

La gravedad no afecta sólo a la mente humana, sino también al cuerpo, que está formado en un 80% de agua. El hecho que, en condiciones de ingravidez, el cuerpo se transforme en una bolsa de agua flotante es uno de los condicionantes principales de la exploración espacial. Este es el nexo entre la gravedad y la tercera línea de trabajo de la fundación: el agua.

Agua

De hecho, que los humanos estemos hechos básicamente de agua tiene un alcance que va mucho más allá que los viajes al espacio. La disponibilidad de agua y su calidad es consustancial a la vida. Esto ha empujado a la fundación a centrar su atención en la mayor reserva de agua dulce existente en la Tierra, la Antártida.

El 2017, se realizó la 1ª Bienal de la Antártida, en la cual más de 100 artistas, arquitectos, científicos, filósofos y tecnólogos viajaron al continente meridional durante 12 días. El creador del proyecto, Alexander Ponomarev, buscó diseñar una plataforma intercultural e interdisciplinaria para dialogar sobre el futuro de este fundamental espacio compartido entre toda la humanidad. Durante la expedición, los artistas participantes plasmaron instalaciones, performances, conciertos y proyecciones en el telón de fondo blanco del Antártida.

El entorno de la Antártida resume muchas de las inquietudes de la Fundación. El agua en forma de hielo que encontramos es la misma que se encuentra en multitud de entornos espaciales (desde cometas hasta satélites) y en los múltiples estados microscópicos permitidos por las leyes cuánticas (el hielo puede formarse con varias estructuras cristalinas). Así, en este entorno, se cierra el círculo que une cuántica, gravedad y agua.