The Zero-Gravity Band conceptualización


Por Michele Catanzaro, PhD en Física y periodista

 

The Zero-Gravity Band

 

“La gravedad Zero tiene algunas desventajas […]. Muchas personas se marean. La manera para sentirte mejor es soltarte y convencer tu sistema visual que “hacia arriba” es cualquier punto hacia donde apunte tu cabeza, y “hacia abajo” es donde sean tus pies”.

La astronauta norteamericana Marsha Ivins expresa muy bien la extrañeza producida por la micro gravedad. La gravedad forma parte de la experiencia de cada individuo desde que se forma su sistema nervioso. Alejarse de la atracción de la Tierra representa un cambio sin precedentes. Y también implica (exige, según Ivins) un cambio radical en cómo se mira la realidad.

El espacio exterior se ha visto siempre como un lugar inhóspito para la vida: no hay gravedad, ni oxígeno, ni protección de la radiación. Aun así, esta percepción está cambiando. El Universo podría estar lleno de rincones más o menos acogedores.

El 1967 se descubrieron los primeros organismos “extremófilos”, capaces de vivir a la boca de un volcán o a las profundidades oceánicas, en condiciones parecidas a los de ciertos lugares del Sistema Solar. Los últimos años, se han acumulado evidencias de la presencia de moléculas orgánicas en lunas de Júpiter y Saturno. El 1995 se descubrió el primer “exoplaneta”, un planeta externo al Sistema Solar. Desde entonces, se han descubierto miles, algunos de los cuales muy parecidos en la Tierra.

El físico Stephen Hawking estuvo años exhortando a la humanidad a buscarse un planeta nuevo, para salvarse del cambio climático. El empresario Elon Musk confía combatirlo con sus coches eléctricos Tesla. Pero, si este plan falla, tiene un as a la manga: dejar la Tierra con sus cohetes SpaceX.

Pueden parecer planteamientos esperpénticos, pero son paralelos a otros más realistas: viajes espaciales turísticos, misiones para explotar los recursos de planetas y cometas, etcétera. Todo apunta a una mayor presencia humana el espacio.

¿Qué impactos culturales tendrá este hecho? ¿Cómo cambiará nuestra manera de mirar la realidad? El proyecto “The Zero Gravity Band” pone estas preguntas desde un punto de vista básico y a la vez tremendamente original. ¿Cómo cambia la percepción estética en condiciones de micro gravedad? ¿Cómo se modifica la producción artística en aquel entorno?

Por ejemplo, la gravedad parece afectar la percepción de la verticalidad. Identificamos como vertical aquello que se alinea con la gravedad. Es más, en condiciones normales tenemos una clara predilección por las líneas verticales, según estudios de la neurocientífica e integrante del proyecto Elisa Ferrè.

La investigadora ha comprobado que esta predilección – que se manifiesta desde los obeliscos egipcios hasta las líneas ortogonales de Mondrian – se puede hacer desaparecer manipulando el sistema vestibular. Es decir, el conjunto de sensores internos a la oreja, que vehiculan al cerebro la señal de la gravedad, entre otros. El proyecto pretende estirar de este hilo y comprobar qué pasa cuando la gravedad queda prácticamente eliminada, en un vuelo en micro gravedad.

El proyecto “The Zero-Gravity Band” va mucho más allá, al proponer un proceso de creación entero. El análisis de sus resultados promete ser inspiradora.

Además, también tendrá algo a decir sobre cosas de la Tierra (cómo pasa siempre con la investigación espacial). Entender mejor los mecanismos de orientación y equilibrio podría iluminar el misterioso fenómeno del mareo producido por la realidad virtual, que afecta el 80% de sus usuarios, aunque no haya movimiento real. Reducir la náusea es también uno de los retos destacados de la industria del coche autónomo.

Finalmente, el proyecto permitirá reflexionar sobre los límites de la exploración humana del espacio: barreras biológicas hoy infranqueables, que quizás sólo se podrán superar con la tecnología cyborg.

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