El Sónar+D arranca con las promesas y los peligros de la realidad virtual, las realidades digitales cambiarán cómo aprendemos, jugamos o compramos


14/06/18

La Vanguardia (1ª edición) – JUSTO BARRANCO

El año es el que es y está repleto de acciones simbólicas. Y lo que no son símbolos, se leen como tales: ayer abrieron el Sónar+D tres mujeres. El gran congreso de tecnología, creatividad y empresa que acompaña al festival Sónar inició sus cuatro días de debates, start-ups, proyecciones en 360º, networking y presentación de innovadores instrumentos y proyectos con una charla sobre cómo cambiarán el mundo la realidad virtual y la realidad aumentada. Una charla con una catalana que trabaja en Google en Nueva York en cómo puede utilizar la gente las realidades virtual y aumentada, Lila Pla Alemany. Y con una lituana, Monika Bielskyte, que recorre el mundo mostrando cómo expandir nuestro potencial humano gracias a estas nuevas realidades nacidas en el mundo digital. Y elaborando prototipos ficcionales de cómo puede ser el futuro.

Moderadas por Michelle Greenwald, de Inventours, condujeron a la audiencia a un mundo que ya está aquí, que tiene múltiples posibilidades para la sanidad –por ejemplo, en psicología, permitiendo a gente que tiene fobias vivir de manera segura sus miedos, pero también ayudando a personas que no pueden caminar a volver a pasear la ciudad de su infancia–, la educación o el arte. O para algo tan prosaico como comprar una lavadora por internet y, con la cámara del móvil, comprobar si ese modelo cabe en el hueco de la cocina y combina bien con los armarios. Claro que el mundo de la realidad virtual también presenta problemas, porque, por ejemplo, habrá sofisticadas experiencias inmersivas que, para que nos ayuden de verdad, tendrán que conocer muchos datos de nuestra conducta y nuestras reacciones, y aparecerá el eterno problema de los datos personales y el mundo digital.

Lila Pla señala que la vivimos en el lanzamiento de la cuarta revolución tecnológica, que es el cambio a lo inmersivo. Se ha pasado, dice, de la primera revolución, cuando entraron los ordenadores en la oficina, a la segunda, cuando internet los conectó; la tercera, con los ordenadores en nuestros bolsillos, y ahora el paso a la realidad inmersiva. Que impactará en cómo aprendemos, jugamos o compramos. La tecnología de búsqueda, recuerda, ha ido del texto escrito a la voz y ahora a las imágenes. Que la tecnología vea lo que vemos. Y la vista, recuerda, es uno de nuestros sentidos más poderosos. Gracias a Google Lens con el teléfono podremos ir a una librería, apuntar a un libro y lo reconocerá y dará más información. O apuntar a un vestido y nos dirá el diseñador. El envés que se adivina es qué pasa si esas tecnologías se utilizan para apuntar a una persona. ¿Qué clase de información obtendremos?

La realidad virtual, dice Lila Pla, lleva el mundo digital por fin a las tres dimensiones. Hasta ahora era plano. La realidad virtual y la aumentada borrarán las fronteras entre lo físico y lo digital, haciendo la tecnología más útil y humana, porque “Se trata de no crear realidades para ignorar el mundo sino para expandir el potencial humano”, dice Bielskyte
la información en tres dimensiones se retiene mucho mejor que en dos. “Esta tecnología nos puede dar superpoderes, haremos actividades más rápidamente, mejor, cosas que no habríamos creído”, advierte. Pero dice que el mundo digital no se ha de mezclar con el real todo el tiempo, sino cuando puede añadir una capa útil, en destellos.

Para Bielskyte, habrá un mix indistinguible entre la realidad física y sus aumentos digitales, cuyos diferentes tipos se fusionarán en un solo aparato. De hecho, dice, la cuestión es que estas tecnologías no son sólo otro aparato para entretenernos o arreglar problemas. Son fabulosas y aterradoras: con ellas, cosas que no le suceden a nuestro cuerpo pueden dejarle un trauma real, y en ese sentido dice que hemos estado obsesionados con el hardware y las plataformas, pero la realidad virtual va de experiencias. “El progreso tecnológico sin evolución humana siempre significa futuro distópico, y ahí tenemos la serie Black mirror”, recuerda. Aunque ella es entusiasta de este campo. Eso sí, hay que pensarlo críticamente y conseguir, avisa, “tecnología guiada por las experiencias y no al revés”: no se trata de crear realidades para escapar del mundo e ignorarlo, “sino para incrementar el potencial humano intelectual, emocional, física y creativamente”.

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